Cuentos

Cuentos e historias para una nueva realidad americana

Que alguien le diga a Dariela

Vladimir Amaya · El Salvador

  

”Después de varios intentos por tomar algunos objetos y no tener éxito, Dariela se sentó en su cama, sobre sus piernas flexionadas, como lo hacía cuando era una niña. ”

   

Disgrace

Carlos Manuel Álvarez· Cuba

  

"Desde las cuatro y media de la tarde, bajo los árboles tupidos de la Plaza de Armas, y entre los libros empolvados y los estands particulares que rodean la manzana, Juan Orlando Pérez espera por Hamlet Hidalgo. Ha llegado a la cita con media hora de antelación. Lleva un pantalón claro de mezclilla, zapatos deportivos, un pulóver blanco y su mochila negra colgada de un solo hombro."

   

Quédate

Dainerys Machado · Cuba

  

”Oportunidades como ésta no se dan dos veces en la vida, Flavia”, dijo Marisol con tono oficialista. Le tenía una mano agarrada y la miraba a los ojos como si le estuviera develando los misterios del Apocalipsis. Llevaban como diez minutos en la misma posición, desde que Marisol dijo: “Tenemos que hablar”.

   

Perros muertos

Camila Fabbri · Argentina

  

"Hola, Lisa, ¿cómo estás? Yo muy bien, gracias. Acomodándome. Hoy me dieron la habitación de hotel. Tiene una montaña de jabones gratis. Tengo una televisión de catorce pulgadas que dejo prendida siempre. La dejo muda porque me gusta que haya colores. Me alegra que Simón haya pasado el duelo, o al menos que esté empezando a dormir un poco más".

   

Los consejos de Artaud

Gustavo Campos · Honduras

  

”Aquí radico: aquí. En este preciso momento. En este lugar. En esta página blanca. O más bien en este Word 2007. En esta laptop. En este escritorio. Mi base. Mi escritorio portátil. Aquí debo comenzar. Desde estas primeras palabras. Desde este primer parpadeo. A cualquier hora. En cualquier fecha. Éste es el lugar. El mío. El tuyo. El nuestro”.

   

Los loros de la esquina

Sebastián Ocampos · Paraguay

  

”Jamás imaginé que robaríamos al loro viejo de la casa de la esquina, donde vivían la pareja de ancianos gordos y su hijo joven, también con demasiados kilos encima, de treinta años. Ninguno de ellos saludaba a nadie. Y conste que los tres se sentaban desde las cinco de la tarde hasta las nueve de la noche en el patio del frente”.

   

Fermentación del hombre

Jean-Baptiste Marckenson · Haití

  

”Antes de comer te lavas las manos y oras para protegerte contra el cólera. Antes de salir a la calle también oras, para que Dios te libre de los sicarios, de los atracadores… Tus vacaciones de Navidad no son las mismas de los años pasados con tus amigos de infancia, con tu familia, comiendo y bebiendo lo que se les viniera en gana”.

   

La ola

Liliana Colanzi · Bolivia

  

”La Ola regresó durante uno de los inviernos más feroces de la Costa Este. Ese año se suicidaron siete estudiantes entre noviembre y abril: cuatro se arrojaron a los barrancos desde los puentes de Ithaca, los otros recurrieron al sueño borroso de los fármacos”.

   

¡Patria o muerte!

Xalbador García · México

  

“Decidí matar a Fidel Castro cuando le vi las nalgas a Menesleidys. Desde sus caderas el cuarto de Tula le cogió candela, se quedó dormida y no apagó la vela, papi. Pocas veces el Ball and Chain de la Calle 8 recibía a una bailarina con mar y malecón y luna llena incluidos”.

   

En proceso de perder algo

Mauro Libertella · Argentina

  

”Siempre quise hacer viajes largos. Muchas veces tuve esa ilusión: instalarme por dos o tres meses en una ciudad, fagocitarla de un modo casi perezoso, volverme habitué de un bar, empezar a entender la velocidad con la que la gente se mueve por las calles”.

   

Los que oran

Joel Flores · México

  

“No creo en Dios, lo digo honestamente y sin querer levantar revuelo. Pero en el mes de octubre de hace dos años creí en él a través de los ojos de Georgina. Supongo que presencié un milagro divino o de la ciencia: mi prima, que estaba enferma de cáncer, sanó repentinamente y la dieron de alta en la clínica”.

   

El mar

Christian Ibarra · Puerto Rico

  

”Los dos sentados en una sala de aeropuerto. Es una sala pequeña de un aeropuerto pequeño. Quince butacas. Miramos a través del cristal la maniobra de una avioneta que aterriza. Anunciaron lluvia en Vieques, pero igual estamos acá, sentados uno al lado del otro. No hablamos”.

   

Plano del Jardín

Enza García · Venezuela

  

“Rodrigo soñó con una cabeza picada por la mitad. Se la servían en una bandeja con champiñones y clavos oxidados. Voy a llamar al mozo, pensó, pero se dio cuenta de que estaba desnudo y que no podía despertar”.

   

Exilio

Marcela Ribadeneira · Ecuador

  

"Mientras el doctor tomaba los primeros sorbos de su expreso, Ana Magdalena luchaba por acabarse el café, el huevo duro, la tajada de queso fresco y el pan de agua. Eso es lo que se sirve los domingos a los pacientes que ingresan sin una dieta específica".

   

Guacamaya

Lina Vargas · Colombia

  

“Levántate, el abuelo murió. Levántate. Levántate ya. El avión se irá sin ti. Nadie sabrá que no estás. Otra persona ocupará tu asiento. Un músico, como los del metro, con un clarinete o una guitarra esférica de lata. O una ¿qué dijo? Soy maratonista, dijo, y tú ni siquiera entendiste, aunque por vergüenza no le preguntaste. Fue hace un mes, al llegar a esta ciudad”.

   

La maranta

Ana Teresa Toro · Puerto Rico

  

”Mara Marta vivía metida dentro de su maranta. Su pelo suelto, siempre suelto, le caía un poco más abajo de la cintura. Así lo llevaba desde niña. La melena le cubría los hombros la mayor parte del tiempo y, de tan abundante, lograba siempre ocultar sus orejas y mejillas”.

   

Ficciones del fin

Carlos Fonseca · Costa Rica

  

“Nunca lo conocí. De él me quedan las escenas que logro imaginar a partir de las cinco cajas de archivo que la viuda me ha dejado. Anécdotas provistas por familiares, ediciones alemanas, inglesas y francesas de sus tres libros, descripciones de amigos que lo visitaron durante el retiro absoluto que marcó sus últimos años, un puñado de amarillentas fotos en las que aparece ya mayor, perdido entre sus fobias, rabiosamente ajeno”.

   

Los ojos plateados de los coyotes

Carol Rodrigues · Brasil

  

”Incluso, existe la certeza de que, inicialmente, todo el desierto de Nevada era una sola fotografía lisa y brillante, de colores intensos, que fue devorada por sus coyotes, que lograron ese color plateado en los ojos, pero fueron condenados…”

   

Enraizgado

Filo de la Llata · México

  

”La madrugada me cobra la deuda que acumulé durante años, la misma que sigo ignorando a pesar de que mi banco emocional persiste en acosarme con su extorsión tormentosa. Despierto con una fatiga inexplicable. El sudor invade cada parte de mi cara y, empapado, comienzo a creer que la calaca ha decidido visitarme para dirigirme a mi último viaje”.

   

La vida sin limones

Jesse Tomlinson · Canadá

  

”Yo soy una emigrante. He vivido en Guadalajara, México, por ocho años. El limón amarillo ácido tan popular en Canadá aquí no existe. Originalmente soy de Ottawa, Canadá, el gran norte blanco. Aunque si estás en Canadá y dices el «gran norte blanco», por supuesto que no te refieres a Ottawa. Significa cerca del círculo polar ártico, más allá de las ciudades y gran parte de los servicios, viviendo bajo temperaturas gélidas casi todo el año”.

   

Moscas

Jennifer Thorndike · Perú

  

”Aprendí a apreciar la compañía de las moscas. En un principio eran muy molestas, con ese zumbido que penetraba en mis músculos, adormecidos por la posición en la cama donde mi cuerpo, mis huesos, se aferraban a los tuyos con vehemencia. Ese espacio no nos podía contener. El pasado —como las moscas— daba vueltas sobre nosotros. Quizá estaba pudriéndose mi cuerpo mientras te esperaba rodeada de esos insectos que se deleitaban atormentándonos”.

   

Disgrace

Carlos Manuel Álvarez· Cuba

"Desde las cuatro y media de la tarde, bajo los árboles tupidos de la Plaza de Armas, y entre los libros empolvados y los estands particulares que rodean la manzana, Juan Orlando Pérez espera por Hamlet Hidalgo. Ha llegado a la cita con media hora de antelación. Lleva un pantalón claro de mezclilla, zapatos deportivos, un pulóver blanco y su mochila negra colgada de un solo hombro."

Que alguien le diga a Dariela

Vladimir Amaya · El Salvador

”Después de varios intentos por tomar algunos objetos y no tener éxito, Dariela se sentó en su cama, sobre sus piernas flexionadas, como lo hacía cuando era una niña.”

Perros muertos

Camila Fabbri · Argentina

"Hola, Lisa, ¿cómo estás? Yo muy bien, gracias. Acomodándome. Hoy me dieron la habitación de hotel. Tiene una montaña de jabones gratis. Tengo una televisión de catorce pulgadas que dejo prendida siempre. La dejo muda porque me gusta que haya colores. Me alegra que Simón haya pasado el duelo, o al menos que esté empezando a dormir un poco más".

Quédate

Dainerys Machado · Cuba

”Oportunidades como ésta no se dan dos veces en la vida, Flavia”, dijo Marisol con tono oficialista. Le tenía una mano agarrada y la miraba a los ojos como si le estuviera develando los misterios del Apocalipsis. Llevaban como diez minutos en la misma posición, desde que Marisol dijo: “Tenemos que hablar”.

Los consejos de Artaud

Gustavo Campos · Honduras

"Aquí radico: aquí. En este preciso momento. En este lugar. En esta página blanca. O más bien en este Word 2007. En esta laptop. En este escritorio. Mi base. Mi escritorio portátil. Aquí debo comenzar. Desde estas primeras palabras. Desde este primer parpadeo. A cualquier hora. En cualquier fecha. Éste es el lugar. El mío. El tuyo. El nuestro”.

Los loros de la esquina

Sebastián Ocampos · Paraguay

”Jamás imaginé que robaríamos al loro viejo de la casa de la esquina, donde vivían la pareja de ancianos gordos y su hijo joven, también con demasiados kilos encima, de treinta años. Ninguno de ellos saludaba a nadie. Y conste que los tres se sentaban desde las cinco de la tarde hasta las nueve de la noche en el patio del frente”.

¡Patria o muerte!

Xalbador García · México

“Decidí matar a Fidel Castro cuando le vi las nalgas a Menesleidys. Desde sus caderas el cuarto de Tula le cogió candela, se quedó dormida y no apagó la vela, papi. Pocas veces el Ball and Chain de la Calle 8 recibía a una bailarina con mar y malecón y luna llena incluidos”.

Fermentación del hombre

Jean-Baptiste Marckenson · Haití

”Antes de comer te lavas las manos y oras para protegerte contra el cólera. Antes de salir a la calle también oras, para que Dios te libre de los sicarios, de los atracadores… Tus vacaciones de Navidad no son las mismas de los años pasados con tus amigos de infancia, con tu familia, comiendo y bebiendo lo que se les viniera en gana”.

La Ola

Liliana Colanzi · Bolivia

”La Ola regresó durante uno de los inviernos más feroces de la Costa Este. Ese año se suicidaron siete estudiantes entre noviembre y abril: cuatro se arrojaron a los barrancos desde los puentes de Ithaca, los otros recurrieron al sueño borroso de los fármacos”.

En proceso de perder algo

Mauro Libertella · Argentina

”Siempre quise hacer viajes largos. Muchas veces tuve esa ilusión: instalarme por dos o tres meses en una ciudad, fagocitarla de un modo casi perezoso, volverme habitué de un bar, empezar a entender la velocidad con la que la gente se mueve por las calles”.

Los que oran

Joel Flores · México

“No creo en Dios, lo digo honestamente y sin querer levantar revuelo. Pero en el mes de octubre de hace dos años creí en él a través de los ojos de Georgina. Supongo que presencié un milagro divino o de la ciencia: mi prima, que estaba enferma de cáncer, sanó repentinamente y la dieron de alta en la clínica”.

Plano del Jardín

Enza García · Venezuela

“Rodrigo soñó con una cabeza picada por la mitad. Se la servían en una bandeja con champiñones y clavos oxidados. Voy a llamar al mozo, pensó, pero se dio cuenta de que estaba desnudo y que no podía despertar”.

El mar

Christian Ibarra · Puerto Rico

”Los dos sentados en una sala de aeropuerto. Es una sala pequeña de un aeropuerto pequeño. Quince butacas. Miramos a través del cristal la maniobra de una avioneta que aterriza. Anunciaron lluvia en Vieques, pero igual estamos acá, sentados uno al lado del otro. No hablamos”.

La Guacamaya

Lina Vargas · Colombia

“Levántate, el abuelo murió. Levántate. Levántate ya. El avión se irá sin ti. Nadie sabrá que no estás. Otra persona ocupará tu asiento. Un músico, como los del metro, con un clarinete o una guitarra esférica de lata. O una ¿qué dijo? Soy maratonista, dijo, y tú ni siquiera entendiste, aunque por vergüenza no le preguntaste. Fue hace un mes, al llegar a esta ciudad”.

Exilio

Marcela Ribadeneira · Ecuador

"Mientras el doctor tomaba los primeros sorbos de su expreso, Ana Magdalena luchaba por acabarse el café, el huevo duro, la tajada de queso fresco y el pan de agua. Eso es lo que se sirve los domingos a los pacientes que ingresan sin una dieta específica".

La maranta

Ana Teresa Toro · Puerto Rico

Mara Marta vivía metida dentro de su maranta. Su pelo suelto, siempre suelto, le caía un poco más abajo de la cintura. Así lo llevaba desde niña. La melena le cubría los hombros la mayor parte del tiempo y, de tan abundante, lograba siempre ocultar sus orejas y mejillas.

Ficciones del fin

Carlos Fonseca · Costa Rica

Nunca lo conocí. De él me quedan las escenas que logro imaginar a partir de las cinco cajas de archivo que la viuda me ha dejado. Anécdotas provistas por familiares, ediciones alemanas, inglesas y francesas de sus tres libros, descripciones de amigos que lo visitaron durante el retiro absoluto que marcó sus últimos años, un puñado de amarillentas fotos en las que aparece ya mayor, perdido entre sus fobias, rabiosamente ajeno.

Los ojos plateados de los coyotes

Carol Rodrigues · Brasil

Incluso, existe la certeza de que, inicialmente, todo el desierto de Nevada era una sola fotografía lisa y brillante, de colores intensos, que fue devorada por sus coyotes, que lograron ese color plateado en los ojos, pero fueron condenados a deambular solos y hambrientos por esta tierra sucia y polvorienta, una acumulación de su propio excremento producido de la digestión de aquella fotografía.

Enraizgado

Filo de la Llata · México

La madrugada me cobra la deuda que acumulé durante años, la misma que sigo ignorando a pesar de que mi banco emocional persiste en acosarme con su extorsión tormentosa. Despierto con una fatiga inexplicable. El sudor invade cada parte de mi cara y, empapado, comienzo a creer que la calaca ha decidido visitarme para dirigirme a mi último viaje.

La vida sin limones

Jesse Tolimson · Canadá

LYo soy una emigrante. He vivido en Guadalajara, México, por ocho años. El limón amarillo ácido tan popular en Canadá aquí no existe. Originalmente soy de Ottawa, Canadá, el gran norte blanco. Aunque si estás en Canadá y dices el «gran norte blanco», por supuesto que no te refieres a Ottawa. Significa cerca del círculo polar ártico, más allá de las ciudades y gran parte de los servicios, viviendo bajo temperaturas gélidas casi todo el año.

Moscas

Jennifer Thorndike · Perú

Aprendí a apreciar la compañía de las moscas. En un principio eran muy molestas, con ese zumbido que penetraba en mis músculos, adormecidos por la posición en la cama donde mi cuerpo, mis huesos, se aferraban a los tuyos con vehemencia. Ese espacio no nos podía contener. El pasado —como las moscas— daba vueltas sobre nosotros. Quizá estaba pudriéndose mi cuerpo mientras te esperaba rodeada de esos insectos que se deleitaban atormentándonos.

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